miércoles, 10 de octubre de 2012



 El cuento de nunca acabar

La búsqueda en Internet es una herramienta indispensable, apasionante y lúdica, aunque marcada por el exceso, la banalidad y el carácter fugaz. Todo esto último no es necesariamente negativo, ya que demanda exigencias nuevas al buscador. El exceso nos motiva a seleccionar, la banalidad a evaluar y la fugacidad a diseñar dispositivos de almacenamiento y aprovechamiento de los resultados. La tarea requiere tiempo y planificación para maximizar los resultados, ya que el exceso de resultados conspira contra la efectividad y, por interesante que sea seguir a veces caminos sinuosos sin saber adónde van a parar, la mayor parte de las veces necesitamos llegar a algún lugar en un tiempo determinado.Parte de estos compromisos de búsqueda y de llegada son sociales, porque buscamos, muchas veces, con otros o para otros. Y aunque busquemos para nosotros mismos, no somos islas, sino que estamos todos relacionados.
Uno de los aspectos más importante de lo señalado anteriormente es la evaluación de los resultados de la búsqueda, ya que es lo que, según mi entender, resignifica las tareas de aprender y enseñar, en tanto ya no se trata de adquirir o transmitir información, sino de aprender a evaluar la información que nosotros mismos somos capaces de encontrar. Los procesos de enseñanza y aprendizaje, entonces, nos llevan también a preguntarnos qué queremos hacer con eso que encontramos, por qué lo buscamos y en qué radica su valor. Todo esto, lejos de rebajar la importancia de los contenidos, los torna plenos de significado y los ancla en las vivencias de los buscadores.

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